María Pacheco: “La pobreza te choca, los ríos sucios te duelen, las montañas sin bosques te duelen”.

Habla con seguridad. Su voz se oye joven, es joven. Su sonrisa es el regalo perenne que le da a la Vida. Se ha hecho el compromiso de ofrecerle oportunidades al prójimo pero también a rescatar la Tierra. El combustible diario de María Pacheco son sus sueños. Y su mayor sueño es que las personas cumplan sus sueños. Con ella y Queta Rodríguez nació Wakami, una marca tipo de emprendimiento social.

Por Jorge Sierra/LOCAL TIMES. /Fotografía: Audrey de Gámez, Audrey Profile Studio. Vestuario: Boutique De Barcelona Guatemala/Maquillaje: Paola Alvarado

 

El verdadero corazón

La elaboración de bisutería, bolsos y otros productos tienen como punto medular sus diseños. “El diseño es el corazón de Wakami”, asegura Pacheco. Y añade: “Tenemos un equipo de diseñadoras guatemaltecas con orgullo, jóvenes, que diseñan productos que buscan en el mercado y que pueden ser hechos a mano en las comunidades. Tampoco es artesanía, es diferente. Utilizan sí, técnicas ancestrales pero con diseños que se adaptan a la tendencia de moda. ¿Y por qué pulseras? Primero porque la bisutería crece a nivel mundial y se transporta de forma fácil de las comunidades (hay que recordar que las mujeres viajan por bus), por otro lado ocupan poco espacio y se pueden exportar fácilmente por avión. Y segundo, las pulseras sirven para contar historias”.

¿Historias? Se preguntará más de alguno. Pero sí. Detrás de esas pulseras, de esos diseños, de esos colores, de esas texturas y de esas formas hay mucho que contar. La primera colección de Wakami por ejemplo se llamó Pulseras de la Tierra. Y es que cuenta la historia de cómo se creó la Tierra. Esta colección se compone de siete pulseras de distinto color. Estas cuentan que la Tierra estaba triste y por eso se creó el Sol. Pero cuando el Sol descansaba volvía de nuevo a estar oscuro y por eso nacieron la Luna y las estrellas. Luego surgieron el agua, el aire, las plantas, los animales, los niños. La Tierra estaba tan feliz pero se dio que faltaba algo que le conectara con todo lo que se había creado y así nació el amor. “Son pulseras que nos inspiran a los seres humanos”, apuntala Pacheco.

“Wakami es mi mayor satisfacción y mi mayor lucha. No es fácil conseguir capital de trabajo para empresas sociales…”.

El diseño interior

Wakami hoy es una especie de red tejida en su gran mayoría por mujeres. Cerca de 500 mujeres artesanas participan en la misma, con núcleos en Chiquimula, Guatemala y municipios, Sacatepéquez, Chimaltenango, Suchitepéquez, Sololá y Totonicapán. Esto se traduce en beneficio para sus familias, con un aproximado de 450 hijos entre los 0 y 18 años. Y la forma en como se desarrolló fue identificar primero al grupo que deseaba ingresos, le ofrecieron capacitación y la oportunidad de convertirse en empresas formales competentes para producir accesorios de moda. Después una metodología desarrollada en el idioma local que tomó dos años. Así, Wakami al abrir mercados se convierte en el primer cliente de esos núcleos empresariales. Pero ahí no quedó todo. Se incorporaron después servicios de educación (sobre todo de nutrición y de mejoras de la casa) en las comunidades. Así que obtuvieron a precio más razonable filtros, estufas, ventanas, etcétera.

Ahora mismo existen ejemplos de mujeres que lograron empoderarse dentro del modelo Wakami, como es el caso de Matilde, pequeña empresaria en Pastores, Sacatepéquez. Ella solo cursó sexto de primaria. Son 30 mujeres que se benefician de su empresa. Y ya el año pasado se graduó su hija de bachiller, y ahora está en la universidad. Tiene dos hijos más, uno ya está en la universidad y el otro a punto de graduarse de bachiller. “A mis hijos ya los gradué. Ese es el sueño de todos los que somos padres. Ahora mi sueño es que otras mujeres también gradúen a sus hijos y, sobre todo, a sus hijas, y así romper con eso de que en las niñas no vale la pena invertir”, es algo que Matilde le confesó a Pacheco.

Desde la infancia

Pacheco lo cuenta con una gran satisfacción. Ella es bióloga, pero su sensibilidad social la despertó desde muy niña, primero por sus padres. Él, médico que al regresar con su familia de EE. UU., ofreció consultas médicas gratuitas en el Cantón 21, zona 14, a la gente que llegaba a la ciudad lastimada de la guerra o que vivía en los barrancos. Mientras que su mamá ayudaba a las mujeres a generarles ingresos. “Creo que de mis papás aprendí la sensibilidad de que el dolor de alguien más, también es tu dolor. Ese dolor también es parte de quien soy yo”. Por otra parte, cuando ella regresó a Guatemala con sus papás también le chocó la pobreza y el mal trato a la Naturaleza. “Creo que cuando vives en otro país y luego ves el tuyo, hay cosas que te chocan. La pobreza te choca (al vivir acá es normal), los ríos sucios te duelen, las montañas sin bosques te duelen”. Sin embargo, también ella sabe que nadie puede cuidar la tierra si no puede cuidar a su familia. “Me di cuenta de que la única forma de generar sostenibilidad es a través de mercados, porque un proyecto puede durar un año, cinco años, si bien te va diez años pero cuando logras generar mercado para un producto, permites que los sueños de esas personas se hagan realidad. Cuando ya tienen ingresos y cuidan a su familia, empiezan a cuidar la Tierra. Ese es mi sueño”, recalca.

“Creo que cuando vives en otro país y luego ves el tuyo hay cosas que te chocan. La pobreza te choca (al vivir acá es normal), los ríos sucios te duelen, las montañas sin bosques te duelen”.

Por último, ella se detiene para acariciar su proyecto. “Wakami es mi mayor satisfacción y mi mayor lucha. No es fácil conseguir capital de trabajo para empresas sociales. Yo estoy aquí porque creo en nuestras empresas sociales, creo en nuestro país, pero la idea es invitar a que más gente se sume a este modelo de empresa. Creo que Guatemala puede ser un país espectacular. Por eso pienso en mi dicho: ‘Un sueño individual es fuerte, un sueño compartido es imparable’”.

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